Jardín apalabrado: Narcisos amarillos

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©PilarLLompart. Un ramillete de nuevos comienzos.

 

Estos divertidos narcisos fueron un regalo. Llegaron sin florecer. El misterio de cuál sería su color formaba parte del obsequio. Quien me los regaló, una mujer de voz cantarina y mirada alegre, también me dijo¿Qué se le puede regalar a una mujer que cumple 40 años? Bombones y flores de invierno, ¡que son las más bonitas!“. Y añadió “Están a puntito, a puntito de florecer.

Lo hicieron. Florecieron al día siguiente y me regalaron 14 soles amarillos que me han acompañado durante un par de semanas.

La flor del narciso simboliza un nuevo comienzo. 

Dicen que al ser una de las flores que brotan al finalizar el invierno anuncia a las demás plantas y flores la llegada de la primavera

Estoy encantada con este “despertador” natural que me comunicará la llegada de la primavera 2020.

Ahora toca guardar los bulbos, cuidarlos hasta el próximo invierno y establecer con ellos un compromiso de cuidado, paciencia y amor en el proceso.  Como nieta de pagès, llevo engarzada en mi corazón una de las enseñanzas más importantes de quienes cultivan la tierra: Dejar que todo suceda. 

*Gracias, Amina. 

 

 

 

Jardín apalabrado: Malva silvestre

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Lavatera Arborea saludándote

En estos días de febrero en el que las temperaturas se acercan más a la primavera que al invierno, contemplo las flores de esta MALVA SILVESTRE (Lavatera Arborea) y me recuerdan a María y Antonia. 

Ellas son alumnas y sobre todo Maestras. 

Quiero dedicarles esta entrada de hoy porque paseando por la Playa de Es Carnatge (Palma) he descubierto esta planta recibiendo unos generosos rayos de sol junto a los acantilados. Al verla, alegrando las vistas de un suelo absolutamente rocoso, me he acordado de ellas. Lo haría con cualquier flor, por supuesto. Porque a mis ojos, ambas están floreciendo. 

Palabra a palabra.

Son constantes, son valientes, son sensibles, son admirables. 

Y esta flor, forjada en el crudo y austero litoral rocoso de nuestra isla, me recuerda que la vida sigue adelante pese al “suelo ingrato”; que la primavera, con su explosión de vida y color, regresa en silencio y poco a poco tras el invierno. Y, sobre todo, que siempre hay espacio para la belleza y la alegría en “lugares” en los que no parece que sea posible que crezca algo “positivo”. Las malvas coquetas así lo gritan.  

Gracias por permitirme ver cómo florecéis.

 

*Curiosidades: La malva simboliza el sosiego y la dulzura. Los discípulos de Pitágoras la consideraban sagrada porque sus flores se orientan siempre hacia el sol: para ellos, eran símbolo de la moderación de las pasiones, virtud indispensable para quienes quieran alcanzar a un tiempo la sabiduría, la libertad y la salud.

*Imágenes: @PilarLLompart

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©PilarLlompart

 

Jardín apalabrado: Calas

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No hay primavera sin ramo de calas en casa. 

En cualquier casa en la que viva, y ya he pasado por 5.

Las calas me recuerdan a mi abuela materna Aina.

Desconozco si le gustaban o no (imagino que sí), cómo llegaron a su vida, a quién le recordaban… Porque cuando pude empezar a conocerla y preguntarle sobre ella, el Alzheimer ya le había robado memoria y capacidad para expresarse. Tan solo recordaba nombres familiares y fragmentos de la canción “María de la O”. Ya era demasiado tarde. Pero cada primavera nacen calas en el que fue su jardín, de la que fue su casa. Los bulbos siguen floreciendo en un jardín no del todo olvidado: un grupo de bulbos junto al limonero; otro grupo de bulbos junto al almendro.

Y esas flores blancas, tan puras, tan limpias… Siempre me recuerdan a ella.

Por eso, he anclado la imagen de las calas a la de mi abuela. He diseñado un recuerdo por si acaso algún día yo también empiezo a no poder recordar, mi memoria encuentre en esta flor un atajo hacia mi abuela.

Biografía emocional de las flores – Escrito el 24 de abril de 2018.

©PilarLlompart