Claveles de aire: Parar y crecer

«Lo que uno cree —y, por un momento, espera—, que es el final absoluto puede ser solamente el comienzo de una nueva etapa, una continuación. » Alice Munro

A su aire

Clavel del aire: Esta planta es muy suya, muy de apostar por su libertad. Eligió vivir en espacios libres de márgenes, de macetas, de húmedas profundidades de la tierra. Las raíces no están bajo tierra, sino que están del revés y les sirven únicamente como sujeción, tomando el agua y los nutrientes literalmente del aire, a través de las hojas. Se encuentra en desiertos, bosques, y también en muchas terrazas y por supuesto, en jardines. Crecen en suspensión, fluyendo con el ir y venir de los días, las lluvias y el viento. 

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Jardín apalabrado: Flores de almendro

El primer taller del año fue como la flor del almendro: la primera en florecer y embellecer el invierno.

No hay un taller igual. Por muchos mapas o tablas de horarios que me trace, como el que dibujé y podéis ver en la imagen (un camino ondulante…). Al final siempre emerge el factor sorpresa. Eso es lo que hace de cada sesión de EDI algo especial. Continuar leyendo “Jardín apalabrado: Flores de almendro”

¿Cuál es tu siguiente paso?

El pasado 29 de diciembre salí de excursión (la última del 2019).

La zona: el norte de la isla. La humedad era del 89%, hacía bastante frío (10º), la niebla y el sol competían para ver cuál de ellos se imponía (ganaría la niebla).  El Mediterráneo a nuestra izquierda. La montaña, las rocas a la derecha. Una excursión con un sendero sencillo, tranquilo, armonioso y con su característica tierra de color rojizo (por su alto contenido en hierro).   Continuar leyendo “¿Cuál es tu siguiente paso?”

Jardín apalabrado: La vid

 

Viñedos en Santa María del Camí (Camí de Passatemps)

 

Hace exactamente 6 años vendimié por primera vez. 

Para quien no ha participado en una vendimia puede que tenga la idea de una tarea tan ligera como acercarse a un árbol y tomar su fruto. Pero la vendimia requiere esfuerzo. Es una tarea tan ardua como ingrata. No hay nada glamuroso en ello. Para recoger la uva en un estado óptimo es mejor hacerlo con temperaturas suaves por lo que hay que madrugar bastante. Cuando el Sol aparece por el Este, tal vez llevas una hora y media con la espalda doblada y ya te has llevado alguna picadura de avispa o araña (y puede que no sean las últimas). Para cuando llegas a casa, solo quieres darle a tu cuerpo algo de descanso. Y aunque se comparte la vendimia con gente, apenas hay tiempo para hablar porque hay que ganarle tiempo al Sol y al menos yo, cuando terminaba la jornada solo tenía ganas de llegar a casa y reponer fuerzas. 

En esos días, mi abuelo hacía poco más de un mes que había fallecido y recuerdo que pensaba en él para tomar fuerzas cuando me atacaba el dolor en la espalda. Y sin embargo, vendimiar también aliviaba el dolor por su adiós. No he vuelto a vendimiar desde entonces. Pero beber vino no ha vuelto a ser lo mismo (sobre todo si veo “cosecha del 2013” jejeje). Pero no, no voy a soltar el discurso de «tuve que vendimiar para valorar cada sorbo de vino». Vendimié por dinero. Como veis, la motivación no tuvo nada de romanticismo por la cosecha. Pero me llevé mucho más que unos billetes. Todo el aprendizaje de aquellos días llegó mucho después (como suelen llegar las lecciones, dándole tiempo al tiempo).

He querido viajar en el tiempo a esa vendimia literal que hice, para honrar la llegada del otoño, la llegada de la cosecha de todo el esfuerzo y trabajo hecho a lo largo del año. La  Naturaleza se concede una pausa y nosotros también. Una pausa en la que hacemos balance de todo lo que hemos recogido en estos primeros 9 meses del año. 

Todo a nuestro alrededor está cambiando. Y si observas a la Naturaleza (la mejor brújula para el ánimo de las personas): verás una luz más cálida, temperaturas suaves, cambian los colores de los bosques, de la tierra y también el ambiente es más silencioso, las aves inician sus migraciones, los vientos soplan más fuertes….

La naturaleza necesita descansar, regresar despacio al interior de la tierra y poner una pausa. Nosotros también necesitamos despedirnos de lo que ha terminado, cerrar un ciclo y dejarlo atrás, para tomarnos una pausa y mirar nuestro interior. Soltar lo que ya no va con nosotros, lo que nos impide crecer, lo que nos daña o limita, para dejar espacio a que florezca algo nuevo y más vivo. Igual que hacen los árboles con sus hojas ya envejecidas y que han cumplido su función. Silenciarlo todo, para poder distinguir tu voz de la del ruido de redes sociales, influencers, consumismo, desencanto, enojo, miedos, obligaciones, rutinas, elecciones… Poner el foco en una misma y en lo que esperas de ti.  

Al igual que la naturaleza cambia, muere y renace, el otoño nos
invita a abrazar los cambios y a… 

…Salir a disfrutar de esta luz de otoño y sus suaves temperaturas. Pasear por bosques, por caminos llenos de hojas amarronadas, observar cómo ha cambiado la naturaleza de una semana a otra, descubrir qué sonidos han aparecido, cuáles ya no están; qué colores abundan ahora a tu alrededor… Agradecer lo disfrutado y aprendido en verano. Encontrar momentos de calma para ti y también para conectar con personas que nutran tu interior, haciéndote sentir bien con tu autenticidad; recuperar melodías que te abrazan…

En definitiva, abrazar y agradecer todo lo que se lleva y trae este Otoño.

 

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