Valorar los procesos

¿Qué nos puede enseñar el bambú?, ¿flexibilidad?, ¿bailar con el viento?

La transformación está siempre presente, aunque no la veamos.

 

VALORA LOS PROCESOS, NO LOS RESULTADOS, susurra el bambú.

Tengo esta frase escrita en una hoja y pegada con celo en la pared frente a mi escritorio. La tengo muy presente. Precisamente porque durante muchos año he puesto el foco en el resultado y no he valorado para nada el proceso.

Y sí, soy psicóloga, tengo formación en coaching, en inteligencia emocional… Y aun así, a veces se me escapan estas pequeñas importancias y me descubro agobiada porque “debería haber terminado X”, “ya debería estar en…”, “todavía no he…”. ¿Te sientes o te has sentido alguna vez así?

Cuando miro la frase es como si la aguja de la brújula volviera a marcar el Norte. Pero esto no es como un “ABRACADRABA”, tan fácil como mirar una frase y recuperar “el norte”. Previamente he tenido que aprender a darme cuenta de que pensar que el resultado es lo único que cuenta, no me beneficia en absoluto. He tenido que DESAPRENDER a pensar así.

 

¿Y cómo se desaprende eso?

Cuando escuchaba la frase “el resultado no es lo importante, sino el camino”, me parecía la mar de bonita, pero si te soy sincera, la frase no echaba raíces en mí. No ha sido hasta este año en el que llevando a cabo un proceso de coaching he mirado a la cara la idea que se había enraizado en mi mente: “Lo único que vale es el resultado, es lograr algo”. Esta creencia había echado muchísimas raíces en mí. Tantas que ya me impedía valorar el camino que me lleva a los logros.

Albert Ellis, el creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual y uno de los psicólogos más influyentes en la historia de la Psicología, se dio cuenta del papel protagonista de las creencias en gran parte de nuestro sufrimiento emocional y que este sufrimiento puede eliminarse cambiando las creencias irracionales, contraproducentes, autoderrotistas y rígidas. Ellis partía de la idea de que nuestro malestar emocional no está causado directamente por la adversidad sino por nosotros mismos. ,Son nuestras creencias irracionales y los pensamientos los que nos generan ese sufrimiento, pues terminan dictando nuestras emociones y decisiones. Por eso es fundamental ser conscientes de su existencia e irracionalidad, para colocar en su lugar pensamientos más adaptativos.

Por otra parte… Vivimos en la cultura del resultado. Concretamente, de asociar éxito a resultado.

Te contaré algo. En 2010 decidí montar una empresa y lo hice. Sí, en 2010, en plena crisis económica (la que llaman “la del 2008” pero que se extendió mucho más allá). Mi proyecto ofrecía formación en crecimiento personal. Me comí bastante cursos de Emprendimiento para la Mujer mucho antes de que se convirtieran en una moda (y un negocio, tal y como son ahora).

Yo era la CEO, la de marketing, la recepcionista, la comercial… La cuestión es que cuando llevaba seis meses de lucha y esfuerzo por sacar adelante mi empresa, me desinflé. También tuvo mucho que ver que la crisis fue asfixiando a toda la economía y a la sociedad. Influyeron muchísimos factores, claro. La cuestión es que un día me sinceré conmigo: no era feliz y todo lo que había hecho, me había llevado a un desgaste físico y emocional. Tomé la decisión de bajar la persiana. Como era autónoma, fue relativamente fácil. Entonces, tocó hacerlo público. La verdad es que recibí de todo: comprensión, apoyo sincero y también juicios, bromas con sorna.

Agradecí el apoyo sincero, sin embargo, permití que esos juicios que me juzgaban un fracaso se convirtieran en los míos. Por un lado me decía “Mujer, lo has intentado, te lo has currado… Mereces cambiar de opinión…” Pero por otro, seguía atrapada en esas jaulas de valorar el éxito por encima del intento. ¿Y sabes qué? Empecé a sentir vergüenza . Vergüenza de mis decisiones, vergüenza de mi proyecto, vergüenza de mi esfuerzo… De hecho, no me atreví a volver al lugar donde inauguré la empresa durante bastante tiempo…. hasta hace 4 años.

Te hablo del 2010 y algunas cosas han cambiado desde entonces. La historia no terminó allí. A los pocos meses, decidí lanzar mi consulta privada de psicología que ejercí gustosamente durante 4 años. Y después, llegó otra etapa laboral de la que aprendí muchísimo y que me llevó a Escritura de interior.

Si hoy pudiera viajar al pasado y hablar con la Pilar de entonces, le diría que sacara adelante el proyecto. No trataría de evitarle ese dolor. Lo único que le diría que cambiase es el foco. Que no se fijara en el resultado, sino en lo que iba aprendiendo de su propio proceso de emprenduría. Y que no le debía cuentas a nadie, que lo más importante es lo que ella pensará de sí misma y no lo que otros juzgarán pues no han estado en sus zapatos y no se han manchado las manos de tierra. 

 

Seguro que tú también tienes esa imagen, experiencia o frase que te da fuerza. 

Quizás estos tiempos sean para ti también un tiempo entre “procesos” o un puente hacia un futuro cambio.  O viviste algo parecido en otros veranos, otoños o primaveras. A veces, muchas veces, no valoramos ni honramos los procesos. Caemos en las redes de la urgencia, del “lo quiero ya” y no valoramos la importancia del camino, lo que de verdad nos enriquece. Me dedico al desarrollo personal desde hace más de 10 años y a día de hoy, sigo tropezando alguna vez con esas redes de urgencia. No me castigo, pues he aprendido que es una nueva oportunidad para conocerme, explorar otro enfoque o reevaluar conceptos.
 

¿Y qué tendrá que ver el bambú con el crecimiento personal? 

 

Te hablaré de otra cualidad muy importante que podemos aprender del bambú y que es el “darse tiempo”. Me gustaría empezar explicándote que el bambús especialmente famoso por ser el alimento favorito de los osos panda; pero también, que la planta de bambú se liga al eterno ciclo de la vida, y se asocia a las cualidades de fuerza, estabilidad y durabilidad.

El bambú crece de una manera muy diferente a otras hierbas. Si observas el lugar donde plantas una semilla de bambú… Durante un tiempo, ésta parece no crecer. Se tarda mucho en ver resultados durante los primeros años, y no es hasta el cuarto cuando se comienza apreciar un pequeño brote. Sin embargo, a partir del quinto año, el bambú comienza a crecer para conseguir en pocas semanas una gran altura. Así, pues, los primeros años desde que se planta la semilla, el bambú crece en el interior de la tierra, durante esos años se está desarrollando la estructura de la planta para fortalecerse. Para que cuando lleguen fuertes ventiscas, aguante y no caiga. Por eso es conveniente tener una actitud flexible ante la vida —Y aquí es cuando te digo que la flexibilidad es una de las cualidades del bambú, pero de la que ya hablaremos otro día— y a la vez tener raíces fuertes que nos permitan soportar los vaivenes o imprevistos de la vida. Raíces tales como valores o conocer tus fortalezas.  

El bambú nos enseña que algo muy similar nos ocurre a las personas cuando iniciamos o realizamos un proceso de cambio o de desarrollo personal. Durante un tiempo (semanas, meses) no vemos resultados de manera inmediata y por eso mismo, podemos sentir desaliento, dudas, miedos. Podemos incluso llegar a pensar que ha sido inútil, una pérdida de tiempo absoluta.  Cuando esto ocurre, antes de pensar que nada de lo que hagas servirá, te invito a pararte (una parada estratégica) y a tirar de tu memoria biográfica, tus cuadernos o diarios (si los tienes), personas de confianza que puedan recordarte cómo atravesaste las dificultades del pasado. Todo lo que floreció en ti en ese momentos, tus fortalezas, tus raíces, siguen ahí. Aunque la nebulosa emocional no te permita verlo.

NADA CRECE DE UN DÍA DE PARA OTRO

Recuerda, las fortalezas no nacen de un día para otro. Se toman su tiempo para crear estructuras fuertes que puedan estar siempre ahí que las necesites. Para transitar la vida tal cual llega, tal cual es. La vida es como el bambú. Las cosas no producen sus frutos de un día para otro. Necesitan de paciencia, perseverancia, de realizar todos y cada uno de los días pequeñas acciones, que mañana terminarán por dar sus frutos. Sé que suena más fácil decirlo que vivirlo, que en ese momento, la impaciencia te causa gran malestar. 

Dice Ramiro Calle, maestro yogui, que la gran paradoja es que «decimos “estoy matando el tiempo, cuando es el tiempo el que nos mata.» 

Tomarse el tiempo necesario para que las cosas vayan fluyendo permite disfrutar del camino, aprender del proceso. Me parece que es lo más revolucionario que se puede hacer hoy en día, en este caos de “logros”, “likes” y luchas por ser influyente y referentes. 

Creo que valorar el proceso y no el resultado es una forma de respetarme, de ser coherente conmigo misma, porque quiero ver en mí lo que pretendo con los demás, alumnos o clientes. Me permito respirar, disfrutar del camino e ir ofreciendo lo mejor de mí con el tiempo, la dedicación y el amor que nos merecemos

 

NO TE SUSCRIBAS AL CLUB DEL LOGRO

Tengo la sospecha de que también hay muchas personas que prefieren ser de los que “LOGRAN” en vez de quedarse en el INTENTO. Yo ya no estoy suscrita a ese club. No. Y el motivo es que me causaba malestar, no me sentía a gusto. No me quedo en lugares en los que no me siento a gusto. Así que cogí la idea de que “solo vale lo que es un éxito”, la desmonté, la reconstruí con otra creencia más sana, más coherente con mi experiencia de vida. La semilla de la transformación ya estaba plantada. Solo necesité aplicarla (cuidarla) en momentos en los que aparecía la anterior “manera de pensar”.

Y aprendí que:

✤ Que estar en proceso no significa que NO SEAS, QUE NO PUEDES, QUE NO VAS A LLEGAR. SIGNIFICA QUE ESTÁS EN CAMINO y, por lo tanto, estás más cerca de SER, de PODER, DE ALCANZAR.

✤ VALORAR el proceso tanto o más que el RESULTADO. O lo que es lo mismo, no relacionar ALCANZAR EL RESULTADO con ÉXITO. El éxito también pueden ser pequeños pasos: ese pequeño paso que das cada mañana al levantarte quince minutos antes para hacer algo de actividad física, esos 30 minutos diarios que dedicas a estudiar, ese no ponerte azúcar con el café, empezar a ser más amable contigo misma, ahorrar un euro, leer una página de un libro… Todo te acerca a un objetivo mucho más grande e importante. En definitiva, poner en valor todo el paso, decisión o acto que te acerca tu objetivo.

VALORAR LOS PASOS PEQUEÑOS.

PARA FINALIZAR

Mientras tú estás leyendo esta entrada, las raíces de tu crecimiento personal siguen creciendo bajo tierra, fortaleciéndose… Disfrutando del camino de su crecimiento, sin dejarse hechizar por los resultados. 

Ya sabes que si te apetece compartir algo, puedes hacerlo dejando un comentario aquí abajo.

 

❧ Y dicho esto, no me queda más que dar las gracias al bambú y a sus raíces, y agradecerte el tiempo que has dedicado a esta lectura.

Imagen de portada: Propiedad Pilar LLompart. Jardines del Palacio Da Pena (Sintra) Portugal, 2014. *Sí, como puedes ver, me tomé en serio lo de ser bambú para la foto. 

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Escritura de ficción: De cuando te bloqueas porque no sabes cómo contar la verdad

Tal vez te haya pasado.

Se te ha ocurrido narrar una experiencia REAL que viviste o que forma parte de tu biografía familiar. Tienes claro el qué y hacia dónde quieres llegar. Pero cuando vas a sentarte a escribir o en mitad del proceso, salta la vocecilla incordiosa “Pero, ¿cómo vas a escribir eso sobre XXXX?”, “¿y si ZZZZ se siente aludida y se enfada?”, “ahora todo el mundo sabrá eso tan horrible o vergonzoso”, “Pero, sucedió así, ¡no puedo contarlo de otra manera!”.

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