Amistad y Afición por la lectura

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¿Puede influir tu entorno en tu afición a la lectura? Desde luego que sí.

Día del Libro. Día en el que la lectura y la escritura celebran un mano a mano.

Quiero dedicar esta entrada en el Día del Libro a todas las personas que fueron mi puente hacia algunos libros y que, por supuesto, contribuyeron a cultivar en mí la afición por la lectura. Así que hoy no hablaré como escritora, sino como lectora.

Empezaré contándote que no pertenezco a una familia de letraheridos. En mi familia se leía poco o, más bien dicho, solo se leía el periódico o revistas. Eso sí, en casa estaba la ya tradicional Enciclopedia Básica Salvat con más de 100 clásicos de la literatura. Soy la primogénita de tres hermanos y soy la única que disfruta leyendo ficción o algo que no sean ensayos sobre economía.

Durante mi niñez, mi madre era quien nos leía cuentos todas las noches. Hasta que crecimos y, lógicamente, dejó de hacerlo. Pero a mí la lectura ya me había pellizcado el corazón y por eso, pedía que me regalasen libros por mi cumpleaños. Cada petición era inútil pues mi madre consideraba que era mucho más práctico recibir otros regalos como ropa o juguetes. Por otra parte, en mi casa existía la creencia de que los libros solo eran útiles si te servían para aplicarte en los estudios. Es decir, que si te veían tumbada en la cama o en el sofá leyendo, se consideraba que no estabas haciendo nada útil y se te enviaba a estudiar o a colaborar en tareas domésticas. No es de extrañar que creciera sintiéndome un patito feo fuera de lugar, en el nido incorrecto. Yo quería leer, me gustaba leer (y no digamos escribir); pero en mi casa nadie más parecía compartir mis intereses.

A algunas personas que lean esto les podrá parecer impensable. Bueno, creo que mis padres son fruto de una educación que recibieron y a día de hoy no tengo nada que reprocharles pues tomaron las decisiones que en ese momento creyeron como mejores. Además, tampoco ellos tuvieron la oportunidad de acceder a la lectura como diversión. Tal vez si también a ellos se lo hubieran inculcado, la historia (su historia) hubiera sido distinta.

Entonces, ¿cómo lo hacías para saciar tu sed lectora? Ingeniármelas.

¿Qué podía hacer? Yo sentía unas ansias tremendas de leer, por eso devoraba revistas y periódicos que encontraba por casa y cuando ya no había más por leer, me lancé a la Enciclopedia Básica Salvat. Así fue como con 11 o 12 años leí El Perro de los Baskerville de Arthur C. Doyle, El Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri y empecé 1984 de George Orwell (del que apenas entendí nada y que volví a releer y por fin disfruté a los 25, a los 32 y a los 37). 

Cuando en septiembre nos entregaban los libros de texto para el comienzo del curso, devoraba las lecturas obligatorias: La Regenta, El árbol de la ciencia, Què farem, què direm, Rimas y Leyendas, Pedro Salinas, Antonio Machado,etc. De modo que, cuando empezaba el curso, prácticamente me había leído todos los libros por leer.

Entonces llegó la adolescencia y allí llegaron los libros compartidos. La mayoría de mis amigas vivían en otro mundo: en su casa se leía mucho y disponían de una enorme biblioteca e incluso estaban suscritos al Círculo de Lectores. De no haber sido por la generosidad de mis amigas no habría leído Como agua para chocolate de Laura Esquivel, La casa de los espíritus de Isabel Allende, La Tabla de Flandes de A. Pérez Reverte, Los hechos del Rey Arturo, Viento del Este, Viento del Oeste de Paerl. S. Buck, etc. Y otros que ahora mismo no recuerdo, sobre todo de misterio e intriga. Creo que fue en esta etapa en la que adoré todavía más la lectura: compartir libros, prestarnos unas a otras una lectura, esperar pacientemente y con ilusión a que alguien termine de leer un libro para poder leerlo, cuidarlo hasta que lo devuelves su dueña… Y después compartir las impresiones sobre el libro. ¡Qué ternura siento al recordarlo!

Ya en la Universidad, llegaron otras amistades, otros intereses y otras lecturas. De esa época recuerdo varios libros de Marian Keyes, Los Pilares de la Tierra, El Túnel de Ernesto Sábato, Cometas en el cielo, La Metamorfosis y muchas más que, francamente, no logro recordar en el momento en el que escribo esto. Y lo lamento, es verdad. Como ya disponía de ingresos y podía hacer con ellos lo que quisiera, también pude participar de ese préstamo de libros entre amigos. Como ejemplo diré que fui la primera de mi círculo que me compré un libro de Murakami (Tokio blues) y pasó por varias manos.

Ahora, con las nuevas tecnologías y las redes sociales resulta fácil compartir la opinión que nos ha causado tal o cual libro. Antes, tenías que darle tiempo a tu amiga o amigo a que se leyera ese libro para conocer qué opinaba. Hoy en día, con 42 años no he perdido la costumbre de preguntar a mis amigos “¿qué estás leyendo?” y dejarme recomendar. Y si finalmente leo su recomendación, me falta tiempo para informarle de lo que me ha parecido.

Así que desde aquí alzo la voz y mis manos para ofrecer un sentido AGRADECIMIENTO a todas las amigas y amigos que compartieron conmigo algún libro, que confiaron en mí para que lo cuidase y que sumaron su granito de arena para que yo pudiera disfrutar y cultivar la lectura.

Seguramente tú que lees esto también has sido para algún amigo o amiga el puente a un libro o alguien lo ha sido para ti. Creo que somos muchos los que nos hemos convertido en lectores gracias a la generosidad y amor por la lectura de nuestros amigos.

¡Feliz Día del Libro 2021!

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