Escritura de ficción: De cuando te bloqueas porque no sabes cómo contar la verdad

Tal vez te haya pasado.

Se te ha ocurrido narrar una experiencia REAL que viviste o que forma parte de tu biografía familiar. Tienes claro el qué y hacia dónde quieres llegar. Pero cuando vas a sentarte a escribir o en mitad del proceso, salta la vocecilla incordiosa “Pero, ¿cómo vas a escribir eso sobre XXXX?”, “¿y si ZZZZ se siente aludida y se enfada?”, “ahora todo el mundo sabrá eso tan horrible o vergonzoso”, “Pero, sucedió así, ¡no puedo contarlo de otra manera!”.

Algunos autores, a la hora de escribir, marcan una distancia con el texto, tal vez por miedo a implicarse o porque lo que escriben es tan personal, que temen que puedan reconocerse personas de su entorno. Sin embargo, en palabras de la autora Shirley Jackson, «eso es lo que nos aleja de los lectores». Cuando escribimos ficción las personas a las que les sucede lo que relatamos son PERSONAJES, no son gente real. Mantener esto en cuenta nos puede ayudar a la hora de narrar algo REAL que hemos vivido o que incumbe a personas queridas (o no tan queridas, pero cuya reacción nos importa, por el motivo que sea).

Nada más infalible para matar la creatividad como las dudas y el miedo.

UN EJEMPLO REAL

Mi novela El Nido (que publicaré a finales de este año) está tan cargada de referencias familiares que me bloqueé en un par de ocasiones durante el proceso de escritura.

La primera vez fue cuando apareció una vocecilla insegura, miedosa y gritona diciéndome que a dónde iba yo escribiendo, que cómo me atrevía, que la gente vería que no he hecho talleres de escritura con grandes grupos editoriales y que no tengo estudios en filología hispánica y mil sandeces más de las que solo es capaz la mente para que desistas de lo que estás haciendo. En ese momento, me ayudó a desatascarme el clásico  consejo “Escribir como si nadie fuese nunca a leerlo“. O mejor, como si el manuscrito fuese a permanecer escondido entre cajas y que, tras mi muerte, herederos o desconocidos lo encontraran y pudieran maravillarse de mi narración. (Guiño de humor) De veras que me ayudó mucho. Fue toda una liberación y conseguí terminar el primer borrador.

El segundo bloqueo llegó más tarde. Ya tenía acabado el primer borrador y la vocecilla insegura y miedosa me vino con que al exponer emociones como el dolor, la frustración, la rabia, todo el mundo sabría que hablaba de mí y eso me abrumaba. Mucho. Pero mucho. En el pasado, algunas personas usaron esa vulnerabilidad para mofarse o hacerme más daño aun y, sinceramente, no me apetecía volver a ponerme “a tiro”. Además, la novela podía entenderse como un ajuste de cuentas y no quería hacer daño a mi familia.

Llegué a un punto en el que me planteé no publicarlo. Eso me generó aún más frustración: ¿Para qué había invertido tantos meses escribiendo?, ¿para qué había volcado tanto corazón y tiempo en cada palabra?

Literalmente, no podía dejar de pensar en cómo se lo iban a tomar los demás y adelantaba sus reacciones. Ninguna de ella positiva, por cierto. No solo me creía con superpoderes para leer la mente de los demás, sino que también era una visionaria de las catástrofes futuras.

¿Qué me pasaba?, ¿cómo podía salir de ese laberinto?

 

Cuando te bloqueas, no te sirve ni un ABACADRABA ni sacarle punta al lápiz.

EL FOCO EN EL LUGAR INADECUADO

Cuando mis dudas decidieron tomar la palabra, hablé con alguien de confianza. Siempre deberías compartir tus inquietudes con alguien de A-B-S-O-L-U-T-A confianza: dícese de quien te ha demostrado que puedes compartir tu vulnerabilidad con ella/él y NUNCA la ha usado para reírse, denostarte o descalificarte. Todos tenemos a nuestro alrededor a una persona así, o dos, o tres. (Si tienes más, eres realmente afortunada/o). La cuestión es que compartí mis temores y fue lo mejor que pude hacer, pues me recordó algo que me había pasado por alto: la magia de la escritura.

Tenía puesto el foco erróneamente en lo que me daba miedo y no en lo que de verdad quería escribir, en lo que el cuerpo pedía escribir. Me recordó que la escritura de ficción ficciona los sucesos. Igual sucede con la poesía o cuando compones una canción.

Tenía que recuperar la libertad creativa cuanto antes, pues el MIEDO empezaba a tomar el control. Si ya has leído varias veces este blog o has asistido a alguno de mis talleres siempre te digo que LIBERTAD Y CREATIVIDAD van de la mano.

Como dice la escritora Shirley Jackson “un texto es tan verdadero como tú lo construyas. Lo importante es que sea verdad en la historia, y que en efecto suceda allí”. Así que decidí modificar algunos nombres, edades, época, etc. y mantener la esencia de contar un suceso real. Sí, sé que la solución era muy obvia. Ahora me lo parece a mí. Pero cuando estás bloqueado creativamente, te parece que son los demás quienes circulan en dirección contraria y no tú. Ese es el poder la MENTE.

¿Logré la libertad?, ¿logré tomar el control? Sí. Solo con ese pequeño cambio de foco logré AVANZAR. Los personajes, de hecho, fueron tomando forma (alejándose de los “reales”) y empezaron a hablar y moverse por su cuenta. Si escribes ya sabes que los personajes llega un momento en el que “TOMAN” la historia y casi podría decirse que poseen tu escritura.

No tan solo me sucedió con mi novela, sino que también lo viví con algunos relatos que he escrito. Exponer públicamente el dolor emocional de esos años me sigue produciendo vértigo, pero qué liberador es al mismo tiempo. Y creo que sentirte libre compensa con creces cualquier decisión.

¿Te ha pasado a ti algo parecido con tu escritura?, ¿qué te suele ayudar para desbloquearte cuando aparecen dudas sobre si narrar algo real o no?, ¿te cuesta narrar sucesos reales?

¡Te leo en comentarios!

 

*La imagen de la portada e interior es de Angelina Litvin (Unsplash)

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