Pedracor

La tierra es lo que me da más calma cuando mi mente anda secuestrada por vendavales de pensamientos o por las removidas aguas de mis emociones. Entro en labores de jardinería o cojo carretera, zapatillas y empiezo a caminar.

Durante los paseos por la montaña suelo andar con la mirada puesta al frente o a los lados. Me recreo en el verde de las hojas de los árboles, en los troncos, en el azul del cielo o lo lejos que parecía que estaba la montaña cuando he salido de casa. Parece que camino con más confianza cuanto más miro hacia delante. Otras veces, miro al suelo y observo las piedras. No puedo mirarlas por mucho tiempo porque si lo hago, corro el riesgo de perder el equilibrio. 

Hace tiempo que colecciono piedras (de mi viaje a Oporto me traje un par de adoquines; de Bermeo, una piedra redonda y negra; también de playas, montañas y torrentes de esta isla…). Desde hace un par de años, colecciono piedras cuya forma me recuerda a un corazón. Las he llamado pedracors [no he sido muy original, ¿verdad? ;-)]. Es cierto que esto es muy subjetivo y que dependerá de los ojos con que se miren, pero a mí me divierte muchísimo este juego que me ofrece la naturaleza. Es como si las piedras hicieran cosquillas a mi curiosidad. Y yo nunca le digo que no a la chispa de la curiosidad.

A veces, suelo dejar las pedracors donde las he encontrado y otras, me las llevo conmigo (sin más razón especial que el impulso de ese momento). Actualmente tengo 17. Puede que no se parezcan mucho a un corazón, pero son lo que mis ojos ven.

La piedras, normalmente, han sido usadas como metáfora de error o fracaso (“Tropecé con la misma piedra”, “volví a caer en la misma piedra“). Esas piedras también han estado, están y estarán en mi camino. Algunas veces he tropezado y no tan solo he perdido el equilibrio, sino que me han causado dolorosas heridas. Pero he vuelto a levantarme y he seguido caminando, para encontrarme con nuevas piedras o con las viejas conocidas. Encontrarme con  estas pedracors, sin embargo, me recuerda a esas otras piedras que el camino te pone en la vida y que te dan el aliento, impulso y cariño para que sigas avanzando y agradezcas el haberlas encontrado.

Puedes interpretar que hablo literalmente de piedras o que tal vez esté hablando de personas, de experiencias, decepciones o ilusiones.  

Ya nos lo enseñó El Principito: no vemos porque observamos lo que nos rodea con una mirada superficial. Las pedracors son un ejemplo de que muchas veces lo más importante no es lo más evidente y que la Naturaleza oxigena no solo pulmones sino también un motor vital tan importante como es la imaginación.

Buen camino y buena escritura y muchos encuentros con las pedracors,

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