Jardín apalabrado: Calas

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No hay primavera sin ramo de calas en casa. 

En cualquier casa en la que viva, y ya he pasado por 5.

Las calas me recuerdan a mi abuela materna Aina.

Desconozco si le gustaban o no (imagino que sí), cómo llegaron a su vida, a quién le recordaban… Porque cuando pude empezar a conocerla y preguntarle sobre ella, el Alzheimer ya le había robado memoria y capacidad para expresarse. Tan solo recordaba nombres familiares y fragmentos de la canción “María de la O”. Ya era demasiado tarde. Pero cada primavera nacen calas en el que fue su jardín, de la que fue su casa. Los bulbos siguen floreciendo en un jardín no del todo olvidado: un grupo de bulbos junto al limonero; otro grupo de bulbos junto al almendro.

Y esas flores blancas, tan puras, tan limpias… Siempre me recuerdan a ella.

Por eso, he anclado la imagen de las calas a la de mi abuela. He diseñado un recuerdo por si acaso algún día yo también empiezo a no poder recordar, mi memoria encuentre en esta flor un atajo hacia mi abuela.

Biografía emocional de las flores – Escrito el 24 de abril de 2018.

©PilarLlompart

 

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