Poesía eres tú: escritura expresiva y poesía

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.
Gustavo Adolfo Bécquer

 

Bécquer tenía razón. Poesía eres tú. Y yo. Nosotros. Vosotros. Todos.

Uno de los géneros literarios que más “respeto” y resistencias ofrece. Cuando en los talleres propongo escribir un poema, los ojos de mis alumnos se abren, sus labios reprimen un resoplido y me atrevería a decir que hasta se preparan para una respuesta “simpática” de huida (confío en que no se les ocurra una respuesta de lucha jejeje).  

Sienten miedo e incomodidad. Y es normal, porque miran la poesía desde la creencia de que es necesaria una sensibilidad “especial”, una experiencia en la escritura, un “dominio” de la técnica lírica… Nunca he escrito un poema”, “no sé nada de métrica”, “no lo haré bien”, “creo que no voy a participar”, “no me va a salir nada”, “no soy creativa”, ...  En torno a la poesía existen muchas “leyendas”, pero sobre todo reina la de que no es apta para cualquiera. Sin embargo, la experiencia demuestra que la práctica de la poesía (pasar a la acción) es el mejor antídoto para desactivar la creencia de que solo unos pocos puedes escribir poesía. 

La poesía está más unida a nuestro lado emocional y profundo. Es un camino eficaz para conectar con una emoción, recuerdo, necesidad o deseo. Adentrarse en lo desconocido y la poesía lo es, para muchos/as, impone respeto y sí, algo de miedo. Pero ¿qué sería un curso de escritura expresiva sin experimentar ese miedo y ponernos a pruebaDesde la humildad y la empatía (porque yo también he transitado esas resistencias), les propongo (y a ti, si estás leyendo esta entrada) descubrir que la poesía no tiene ningún secreto salvo escribir con el corazón, sin pensar demasiado, dejando fluir las palabras, los espacios, las necesidades, los recuerdos, las emociones, tal y como aparezcan en la mente. La musicalidad, el ritmo, ya irán apareciendo. Ya habrá tiempo para “retocar” ese verso, para ir trabajando figuras retóricas, para ampliarlo o estilizarlo. 

Para “entrar” en el poema es importante seducir a la mente. ¿Y cómo lo hacemos? Con un disparador, un “inicio”, unas primeras palabras, una pregunta que despierta una emoción o recuerdo concreto… Y así, sí. Los versos sí fluyen. Libres y divertidos, melancólicos y desgarradores; ingeniosos o sencillos. Puede ser una anáfora como “No quiero…” la que nos guía o una pregunta “¿Qué te ha regalado el tiempo?” la que te conduce a un poema sobre tus recuerdos. Hay muchos ejemplos de ejercicios y no quiero extenderme en esta entrada. Lo importante es que el verso sea libre, sin normas métricas ni estéticas que cumplir. 

Verso libre, como lo es la mano y el corazón de quien escribe. 

No es magia, es libertad en estado puro. 

img_20180303_114521Si te atreves con la poesía terapéutica, te animo a que sigas este manual de Reyes Adorna y Jaime Covarsí, Poesía Terapéuticaen él se proponen 194 ejercicios para despertar y desarrollar la mirada poética. Puedes hacer uno al día o adaptarlos a tu disponibilidad. 

Me gusta recomendar este manual en todos mis talleres porque su estructura es muy sencilla y adaptable a cualquier persona (tenga experiencia o no con la composición lírica); es un manual ameno, práctico y que proporciona una herramienta de exploración personal muy valiosa y profunda. Recomiendo estos ejercicios a todo el que esté interesado en practicar la poesía, en desarrollarla o retomarla como guía de exploración personal. 

Mi experiencia

 

Mis primeros poemas nacieron con la adolescencia (junto al acné y una revolución interior). Lo mío siempre había sido la prosa; pero Bécquer me pareció una maravilla (volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos colgar…) El poeta sevillano fue mi muso durante un tiempo. Dedicaba odas o composiciones menores a “amores platónicos”, también escribía sobre anécdotas escolares. Recuerdo algunos poemas sobre elementos de la naturaleza (montañas, viento, pájaros, árboles…). Me convertí en la rapsoda de la clase (mi querida amiga Luisa, con quien me unen 25 años de amistad, hasta recuerda el título de esos poemarios). A través de esas rimas facilonas también desahogaba inquietudes, miedos, sueños, deseos, necesidades… Nunca lo escribí pretendiendo “explorar mi interior”, pero resulta que lo hacía. Entonces, llegaron los 18 años, la universidad, “salir al mundo”. Y todo lo que escribí quedó olvidado en uno de los cajones de mi escritorio. La vida exigía vivir. 

Retomé mis relaciones con la poesía hace un par de años y re-descubrí el placer de una escritura puramente emocional. En mi opinión, el poema es el instante, el “ahora”. Cuando he puesto en práctica la escritura de poemas en los talleres, os puedo asegurar que se han vivido los momentos más emotivos, intensos y creativos. Son un puente muy directo a las emociones de “ese momento”. Y con el paso del tiempo, taller tras taller, contemplo emocionada cómo esas “resistencias” y miedos iniciales de mis alumnos se han transformado en una apetencia por el poema, en hambre de poesía. 

Mi experiencia con los 194 ejercicios de poesía terapéutica: 

DataciónPoemas escritos (no totalmente a diario, a veces la vida necesita que vivas) desde el 3 de marzo al 11 de noviembre de 2018.

Mi hora elegida para escribirlos: Por la mañana o a primera hora de la tarde. Escribía tomando el primer café de la mañana o el último.

3 cuadernos, 3 poemarios. 194 poemas que hablan de mis emociones, de mis recuerdos, de mis sueños, de mis temores, de mis necesidades, de mi experiencia vital, de mis objetivos, de lo cotidiano y de lo extraordinario, de lo sutil a lo arrebatador, del silencio, del tiempo, de errores y aciertos… Una fotografía de mi interior a lo largo de siete meses, un retrato de una transformación vital (porque vaya si ha habido cambios en estos meses), un reto y un refugio inesperado. 

La poesía ha enriquecido mi interior y algo ha cambiado en mí. Ya no soy la misma. Me he reencontrado pero a la vez, me he transformado. Ha sido un reencuentro inesperado, desde luego. Siete meses en los que he construído, sentada en la mesa de la cocina, un instante íntimo e inigualable entre el papel, el bolígrafo y mis poemas. Diría que la poesía me ha brindado una habitación propia

Por eso te digo que poesía eres tú y te animo a que descifres su enigma. 

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