Meditación y escritura

“No hay nada que pare un instante de paz”

Ramiro Calle, Maestro de Yoga

La escritura es un ejercicio de presencia.

La meditación nos proporciona no sólo la visión de una luz interior, sino además el poder para efectuar cambios expansivos en nuestra vida. 

Julia Cameron, El Camino del Artista

Cuando hablo de meditación, lo hago refiriéndome a Meditación Vipassana. Dentro de la práctica de la meditación existen muchas corrientes. La Meditación Vipassana es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India y significa “ver la realidad tal como es”. Con esto quiere decir que has de tomar una actitud consciente en el momento, sin prejuicios que perturben tus pensamientos y aceptar las cosas tal cual ocurren.

Mi práctica de la meditación coincide con mi práctica de yoga, que empecé allá por el 2011. No medito todos los días como tampoco escribo todos los días. Sin embargo, al incorporarlo en mis hábitos, me ha permitido construir un camino interior de serenidad, de apreciar lo que cada etapa a lo largo de estos años me ha traído (grato o ingrato).

Escritura y meditación

¿Qué tienen que ver la escritura con la meditación?

La escritura también nos ayuda a ver la realidad de las cosas y al igual que la meditación, nos ayuda a crear un espacio para conocernos, explorarnos, profundizar en necesidades, deseos, angustias, bloqueos, sueños…  Con los talleres, los alumnos se regalan un espacio para conocer sus propios ritmos de escritura; sus ritmos emocionales; conectar con uno/a mismo/a y sobre todo: una desconexión de su rutina para apreciar-se. “Móviles en silencio durante 90 minutos” = 90 minutos de libertad, de estar presentes, de dedicación a uno mismo, de re-encontrarse. 

La escritura nos ayuda a parar y observar sin juzgar. La escritura nos ofrece una pausa que agrega un ritmo diferente a nuestro día. También nos aporta:

  • Presencia: Cuando estás contigo mismo, eso es presencia. Tu solo, con tu libreta, tu bolígrafo…Estás creando una pausa. Cuando escribes, la mente está en lo que está, en el momento presente. 
  • Darse cuenta: Plasmar sobre el papel lo que pensamos, permite organizar los pensamientos, hacerlos “visibles”. Es con ello que “nos damos cuenta” (de patrones, de ideas que se repiten…). La escritura nos ofrece esa distancia útil para descubrir lo que reside en nuestro interior, lo que no vemos, lo que no queremos o no estamos preparadas para ver pero que al salir a la luz, podemos trabajar. O también para ver lo que sí nos gusta, lo que sí amamos de nosotras/os y que nos impulsa.
  • No juzgar: Escribir tal cual llega a la mente, tal cual el cuerpo necesita escribirlo. Si escribimos algo que nos duele, está bien; si escribimos sobre algo positivo o que nos alegra, también está bien. 
  • Responsabilidad: Todo conocimiento implica una responsabilidad. Todo lo que escribes te informa de algo. Como también lo hacen el bloqueo o el silencio. Lo repito a mis alumnos al finalizar cada taller: ¿qué vais a hacer con toda esta información que habéis descubierto? Puedes planear cambios en tus actitudes y conductas; puedes encontrar soluciones, puedes dar pasos en la dirección que quieras. Pero también puedes permanecer en el mismo lugar y no hacer nada. Tú decides.

Al igual que con la meditación, pretender que con una primera sesión de escritura expresiva, cambie el funcionamiento de X años de vida, es demasiado ambicioso. Poco a poco, con la práctica constante y gradual, la escritura puede ser un hábito que mejore nuestra salud física y mental.

Recuerda que al principio, la mente protestará porque no quiere “centrarse” en una sola actividad; pero con la práctica, la mente aprenderá a dejarse llevar y la escritura fluirá. La escritura es tan solo una herramienta pero existen muchas más. Sé curioso, explora, indaga cuál es tu herramienta idónea. 

La consecución de la conciencia del instante presente es una forma de vivir, no una dosis rápida que se tiene una vez. Es un viaje, no un destino. 

El proceso de la presencia, Michael Brown

*Imagen de Jordan Wozniak – Unsplash

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